Descripción:
He pintado el bajo de mi casa porque estábamos empezando a sufrir el “efecto de los cristales rotos”: cuando un desperfecto no se arregla, llega otro, y luego otro más, hasta que el deterioro empieza a avanzar solo, como una bola cuesta abajo.
Entre los últimos inquilinos del local, un bar bastante casposo, y la falla, hemos sufrido muchos destrozos estos años: agujeros, carteles arrancados, golpes, pegatinas… Incluso un camión fallero se estampó contra la esquina y dejó un boquete que nunca repararon. Igual que tampoco arreglaron las papeleras desaparecidas, la farola tumbada o la señal de prohibido el paso arrancada. Parece que hay conductas y colectivos con los que se es bastante más permisivo cuando toca asumir responsabilidades.
Así que las vecinas y los chicos del nuevo local nos hemos puesto de acuerdo para cuidar este trocito de calle antes de que el abandono cogiera velocidad de crucero.
Y por cierto: NO es un piso turístico. Aquí vivimos vecinas. No hay fondos buitres ni apartamentos turísticos en este edificio.
He representado el mito de Atenea y Aracne porque la calle Maldonado es una de las entradas a Velluters, el antiguo barrio de los trabajadores de la seda, el terciopelo, en valenciano el vellut, de ahí Velluters. Aracne, tejedora y artista, me parecía una buena figura para invocar la memoria artesanal del barrio y también su futuro.
Además, esta vez he salido de mi zona de confort multicolor para trabajar con la gama de tonos que habitan Ciutat Vella y la Plaza del Pilar: blancos, arenas, amarillos oscuros y colores piedra, los mismos que aparecen en muchos edificios del entorno. Quería que la pieza dialogara con el barrio en vez de imponerse sobre él.
Ojalá este mural sirva como una pequeña llamada para que sigan llegando talleres, oficios y proyectos culturales a Velluters.
Más creación, menos abandono y menos gentrificación. 🕷️✨











